Viento de la vida
Viento que soplabas
Tiempo que se ha escapado
Hacia el pasado se sonríe
¡Y al futuro se marchita!
Viento que jugabas
Tiempo que se ha esfumado
Desde el pasado se sonríe
¡Y al futuro no lo evita!
Sopla el viento con los días de la vida
Desojando el árbol triste en desnuda soledad
Hoja por hoja que vuelan en despedida
Viento etéreo sopla frío a la inmensidad
Viento, viento, de la vida
Rujías antes, ahora no sos más que brisa
Hojas tristes que te llevas en tu huida
Viento, viento, que nunca volverán
Pasa el tiempo y sus marcas en la vida
Se labraron en el alma por mera necesidad
Vagos recuerdos vertidos en despedida
Tiempo eterno corre frío a la inmensidad
Tiempo, tiempo, de la vida
Vivías antes, ahora no sos más que risa
Horas tristes que te llevas en tu huida
Tiempo, tiempo, que nunca volverán
Viento que soplabas
Tiempo que se escapa
Hacia el pasado se sonríe
¡Y al futuro se marchita!
Cruza el tiempo con los días de su huída
Desojando al hombre triste en desnuda realidad
Día tras día que se van en despedida
Viento etéreo vuela frío a la inmensidad
Viento, viento, de la vida
Rujías antes, ahora no sos más que brisa
Hojas tristes que te llevas en tu huida
Viento, viento, que nunca volverán
Viento que jugabas
Tiempo que se ha esfumado
Desde el pasado se sonríe
¡Y al futuro no lo evita!
¡No lo evita!
Al cumplir mis 50 años, escribí esto pensando en lo extraño que es que le hablemos al tiempo y al viento de la misma forma en que le hablamos a la gente, como si antes nos hicieran algo y simplemente hubieran dejado de hacerlo. “Viento que soplabas,” “tiempo que se ha escapado,” esa gramática me pareció más honesta que cualquier enunciado directo sobre envejecer. El viento no ha desaparecido. Simplemente se ha vuelto demasiado silencioso como para seguir llamándolo viento.
El tango fue el único género en el que confié para esto. No quería que la canción se resolviera, porque no creo que este sentimiento se resuelva jamás, simplemente sigue soplando, sigue pasando, “que nunca volverán,” y dejé que las estrofas finales simplemente regresaran a los mismos estribillos sin cambio, en vez de forzar una conclusión en la que no creo.
Creo que el tango siempre ha sabido que la respuesta correcta ante el tiempo no es pelear contra él ni hacer las paces con él. Es bailar a través de él de todas formas, con gracia, contra algo que nunca ibas a poder ganar.
Dicho esto, disfruta de “Viento de la vida”.