Utopia, Dystopia
Utopia, dystopia!
Don’t instruct me to fear
Utopia, dystopia!
won’t accept feelin’ afraid
Once upon a time, Gabriel told us in rhyme
an old woman had a bad feeling ‘bout her town
and people took her word as something divine!
Utopia, dystopia!
Don’t instruct me to fear
Utopia, dystopia!
won’t accept feelin’ afraid
they spread the rumor of could be a malice
something serious would come to their town
and people worried to face a malefice!
Utopia, dystopia!
Don’t instruct me to fear
Utopia, dystopia!
won’t accept feelin’ afraid
little by little such an idea grew out of control
one day a little bird twittered his chime
bad omen! they said, this is bad for the town!
dread spread like fire undermining their minds
panic-stricken they could’t think on their own
one by one, soul by soul, their reason got blind!
Utopia, dystopia!
Don’t instruct me to fear
Utopia, dystopia!
won’t accept feelin’ afraid
Fearing the invisible, they ran and fled the town
but before escaping all their houses they burnt
and so committed the crime, their lives were in despair!
Utopia, dystopia!
Don’t instruct me to fear
Utopia, dystopia!
won’t accept feelin’ afraid
Utopia, dystopia!
Don’t instruct me to fear
Utopia, dystopia!
won’t accept feelin’ afraid
The old woman watched the disaster in dismay
Stood up before everybody and trembly said
I knew something evil would arrive to this town!
Utopia, dystopia!
Don’t instruct me to fear
Utopia, dystopia!
won’t accept feelin’ afraid
Pure, blind fear
Gripping the minds of those swayed with ease
fear, plain fear
of what your eyes never see!
Utopia, dystopia!
Don’t instruct me to fear
Utopia, dystopia!
won’t accept feelin’ afraid
Nombré a Gabriel directamente en la letra porque no quería esconder de dónde venía esto. Ganbriel García Márquez escribió una parábola breve que nunca he podido sacudirme de encima, el mal presentimiento de una anciana propagándose por un pueblo solo a través del rumor hasta que el pueblo quema sus propias casas escapando de un desastre que en realidad nunca llegaba, y quise recontarla con franqueza en vez de disfrazarla de idea original mía.
En lo que más me fijé al escribirla fue en la mecánica, no en la moraleja. No quería saltar directo a “no entres en pánico.” Quería rastrear cómo viaja el miedo, primero una inquietud privada, después un rumor, después un augurio, después “uno por uno, alma por alma,” porque creo que esa es la parte que de verdad necesitamos ver con claridad si alguna vez queremos atraparlo a tiempo. El final no es realmente sobre el incendio del pueblo. Es sobre lo ordinario y razonable que se veía cada paso hacia él en su momento.
El estribillo, “utopia, dystopia, don’t instruct me to fear,” es la parte que más me importa, y lo construí para negarse a una falsa elección. No creo que el paraíso y la ruina sean opuestos tanto como dos estados igualmente imaginados, construidos sobre nada más que creencia colectiva. Negarme a la instrucción de temer me pareció el único punto en todo el ciclo donde el presentimiento de la anciana realmente podría haberse detenido antes de empezar.
El reggae me pareció inevitable en cuanto supe qué estaba recontando, esa tradición de la fábula como advertencia dándole a una historia colombiana un hogar musical construido exactamente para este tipo de lección paciente.
Así que ¡Súbele el volumen y canta “Utopia Dystopia”!