Tres rosas y un clavel
Mira a mis flores por salir
Brillando por tu amor
Emanando su color
En medio de mi jardín
Son las flores que al salir
Te sonríen con furor
Emanando su candor
Dando luz a mi jardín
Son tres rosas y un clavel
Son todas para tí
No te pongas a escoger
Son para tí, son para tí
Son las flores que al salir
En un bello resplandor
Con un brillo sin temor
Te iluminan sin mentir
Son las flores que al reír
Aunque traigan el dolor
De la esencia del amor
Dan sentido a tu existir
Son tres rosas y un clavel
Y son todas para tí
No las debes escoger
Son para tí, son para tí
Son mis flores del jardín
Aunque te amen con dolor
Así lo hagan sin temor
No las has de resistir
Estas flores que al vivir
Existiendo por tu amor
Nunca buscan un favor
Solo esperan tu sentir
Son tres rosas y un clavel
Son todas para tí
No te pongas a escoger
Son para tí, son para tí
Son tres rosas y un clavel
Son para tí
Son tres rosas y un clavel
Son para tí, son para mí
El bolero-ranchera fué el medio ideal para expresar este regalo.
Quería escribir, por una vez, una canción de amor donde nada se estuviera marchitando, donde nada fuera metáfora de una pérdida, solo un pequeño jardín entregado entero a alguien que se ama. Después de otras de mis canciones construidas con espinas que sobreviven a los pétalos y cielos que lloran, necesitaba una donde las flores simplemente pudieran ser flores.
Nombrarlas con exactitud, tres rosas y un clavel, me importó más de lo que probablemente debería. “No te pongas a escoger” es la línea que más me importa, porque no quería que se jerarquizaran, que hubiera una flor favorita. Dejé que se colara un poco de honestidad en el medio a propósito, “aunque traigan el dolor de la esencia del amor,” porque de verdad no creo que el amor que vale la pena dar venga sin costo, y no quería que el regalo fingiera lo contrario.
Dicho esto, subele el volumen y enamorate con “Tres rosas y un clavel”.