Lonely Serenade
May be in my dreams
I love you
May be in your dreams
You too!
True feelings
My heart has
You’ve got to be
My muse!
Anything but
A pretty dream
Anything but
Real love!
In the dreams
Where we meet
It’s always so sweet
Every letter I write
Holds a piece of my heart
Tracing every line
It’s where love starts!
Dear Meeka, my dear
Oh!
little Mee
You don’t know
You’re in my heart
Inside my mind
All this time!
Oh!
Meeka, my dear!
I just want to
Tell you my heart!
Alone, in my mind
You always are, Oh!
Meeka, my dear!
Countless nights
I’ve dreamt
With your sight!
When the dawn
Breaks the night
I still hold you close
My light
Every single word
A memory
Meeka
Oh, how you mean to me!
Oh!
Dear Meeka
Oh Meeka
Can’t you see?
Oh!
Meeka, my dear!
I just want to
Tell you my heart!
Oh, no!
Meeka, my dear!
Countless nights
I’ve dreamt
With your sight!
You’re so far
Yet so near!
You’ve been there
All these years!
Meeka!
Meeka!
I just want to
Tell you my heart!
With every breath
I’ve hold you here!
Meeka, my dear!
Countless nights
I’ve dreamt
With your sight!
My Meeka!
Oh!
Quería escribir sobre un amor que no necesita ser correspondido para ser real. No es una historia de conquista ni de ruptura. Es una serenata cantada hacia una ventana donde tal vez nadie escucha, y me interesaba precisamente esa honestidad: el cariño puede existir completo, sin ninguna promesa de reciprocidad, sin que eso lo vuelva menor.
Elegí el acto de escribir cartas como columna vertebral de la letra porque nada de lo que tenemos hoy exige la misma paciencia. Un mensaje se responde en segundos; una carta te obliga a sentarte con el sentimiento el tiempo suficiente como para darle forma de frases. Ese trabajo, esa demora deliberada, me pareció el sustituto correcto para describir un afecto que vive sobre todo en la imaginación y en la memoria, no en el contacto.
Dejé la imagen de los sueños ambigua a propósito, “You’re so far, yet so near!” porque no quería resolver si el cariño se compartía o vivía solo de mi lado. Un amor platónico no necesita esa respuesta para justificarse. Llamarlo serenata fue mi manera de aceptarlo: uno canta bajo la ventana sabiendo que tal vez nadie mira hacia afuera, y aun así vale la pena cantar.