El Valle
Mi alma en el Valle
Nada puedo tocar
¡No sé cúando saldré!
Perdido en el Valle
Gran inmensidad
Por largas eras
Mi tiempo va a pasar
En tus ojos, veo
Recuerdos en la niebla
Que juntados por el viento
Llevados son
Al borde del Valle
Promesas del pasado
Soplan en mi mente
Ya no sé cuando creer
Mis pies en el camino
Ésto no es real
Por largas noches
Mi mente soñará
En el cielo, veo
Luces fatuas que en el viento
Son juntadas por el tiempo
Y llevadas son
Allende del Valle
Recuerdos de otra vida
Huyen de mi mente
Ya no sé cuando saldré
Oriundos de este Valle
Espectros de placer
Con vagos espejismos
Mi mente jugará
Y con vampiros, bebo
Orgía de sueños
Que juntados por la sangre
Consumidos son
Al final del Valle
Vestigios de otros tiempos
Soplan en mi frente
Ya no sé lo qué es real
¡Perdido en el Valle!
¡Al borde del Aire!
¡No sé cúando saldré!
¡Perdido en el Valle!
¡Al borde del Aire!
¡No paro de buscar!
Caminos empedrados
Me llevan a soñar
Donde el eco escucha
Mis pasos tropezar
En el suelo, veo
Las marcas de mis pasos
Que sopladas por el viento
Borradas son
Camino éste Valle
Sendero solitario
Que no sale de mi mente
Ya no sé cúando parar
¡Perdido en el Valle!
¡Al borde del aire!
¡Díme si ésto es real!
¡Perdido en el Valle!
¡Al borde del Valle!
¡No sé si he de salír!
¡Oh!
¡Perdido en el Valle!
¡Allende del Valle!
¡Oh!
Escribí “El Valle” para sacarme algo de encima, y lo voy a decir así de plano en vez de disfrazarlo. Hubo un tramo de tiempo en que nada se sentía tocable, en que de verdad no sabía cuándo saldría del lugar donde estaba, emocionalmente, no geográficamente, y la canción es lo que salió cuando dejé de intentar nombrar ese lugar y simplemente describí caminarlo.
No me propuse escribir sobre Gustavo Cerati. Pero en algún punto entre los vampiros, las huellas borradas, el “no sé si he de salir,” reconocí sus últimos años mirándome de vuelta, el silencio, los años suspendidos, una mente dando vueltas sobre el mismo territorio sin terminar de aterrizar en ninguna parte. He amado su música desde una edad lo bastante temprana como para que moldeara cómo escucho todo lo demás, y creo que el duelo por un artista al que nunca conociste se cuela en tu propio proceso catártico, lo invites o no. Para cuando noté en qué se había convertido también la canción, ya era las dos cosas a la vez, mi valle y el suyo.
Dejé todas las preguntas de la letra sin responder a propósito, “díme si esto es real,” porque fingir que tenía una respuesta habría sido deshonesto con las dos partes de lo que la canción está haciendo. Hay lugares de los que no sales limpiamente. Solo sigues cantando en su borde hasta que cantar se vuelve una especie de compañía.
Y entonces, sin invitación, sin que yo lo pidiera en ningún prompt, su voz apareció igual en el render. No soy digno. No soy digno.