El príncipe mestizo
En un tiempo remoto
Mi tierra Turmequé
La mandaban españoles
Y caciques también
Mi tierra tuvo un hijo
De dos mundos la unión
Matrimonio de dos cortes
Española y Muiscún
Mi principe mestizo
Tu pecado sólo fué
Que tu padre era Cristo
Y tu madre era Bachue!
Diego era su nombre
Dos tronos va heredar
Por su padre la encomienda
Por su madre el Turmequé
Con envidia un medio hermano
Del buen Diego se ensañó
De traición lo ha señalado
Y a la orca lo mandó
Mi cacique mestizo
Tu falta sólo fué!
Que tu padre era Cristo
Y tu madre era Bachue!
En medio de la noche
Diego logró escapar
Ya atrás el Magdalena
El cacique se hizo a la mar
Mi principe mestizo
Tu pecado sólo fué
Que tu padre era Cristo
Y tu madre era Bachue!
El cacique llega a España
Y el Rey lo recibió
Amigos se convirtieron
Y a su causa la apoyó
Diego se regresa
Con la palabra del Rey
Cacique y encomendero, es
Como bien manda la ley
Mi cacique mestizo
Tu falta sólo fué!
Que tu padre era Cristo
Y tu madre era Bachue!
Y una vez en Turmequé
Diego mostró la voz del Rey
Y aunque ésta es acatada
Nadie la cumplió después
Aunque sea preciso, que el Rey!
Tu reino garantice, pa’ qué?
Si se acatan las leyes, sí sí!
Pero nunca se cumplirán, no no!
Mi principe mestizo
Tu pecado sólo fué
Que tu padre era Cristo
Y tu madre era Bachue!
Mi buen, mi buen cacique
En tu tierra haz de saber
Que la ley aunque se acata, se acata
Ésta nunca se va a cumplír, no, no!!
Mi cacique mestizo
Tu falta sólo fué!
Que tu padre era Cristo
Y tu madre era Bachue!
En éste tema, mi parte antropológo me impulsó a crear éste tema. “El príncipe mestizo” cuenta la historia real de Diego de Torres y Moyachoque, el cacique de Turmequé del siglo XVI -hijo de un encomendero español y una noble muisca- que se convirtió en una de las figuras más notables de la Nueva Granada colonial: despojado por un medio hermano envidioso, sentenciado a la horca, escapó y navegó a España, se ganó el apoyo de la Corona, y regresó con una real cédula que confirmaba sus derechos. La canción no inventa un mito; recupera uno que la historia colonial suele dejar como nota al pie.
Diría que el acierto de la letra está en su coro, que funde el linaje de Diego en una sola línea de teología sincrética: “tu padre era Cristo / y tu madre era Bachue”. Diego no es solo mestizo: es literalmente el fruto de dos universos religiosos completos, Cristo y Bachue funcionando como el par ancestral definitivo de dos civilizaciones que acababan de chocar violentamente. Es un peso histórico y teológico enorme, comprimido en ocho sílabas.
El tema es inusualmente honesto sobre los límites de la victoria de Diego, y ahí es donde se vuelve política y no solo conmemorativa. Los versos finales llegan a la frase “la ley aunque se acata, se acata / ésta nunca se va a cumplir”, un eco directo de la célebre fórmula administrativa colonial española “obedézcase pero no se cumpla”, el mecanismo por el cual las autoridades coloniales en América podían aceptar formalmente una real cédula mientras se aseguraban discretamente de que no cambiara nada en la práctica. Diego gana su caso en Madrid, regresa con la palabra del propio Rey, así, aunque la batalla del papeleo se hubiera ganado, esto nunca se tradujo en justicia real. Así esta canción se convierte en una crítica de un fenómeno que persiste hasta nuestros días.
Siguiendo los pasos de gigantes como Rubén Blades -quién nos brindó una salsa cargada de narrativa histórica y social– como de Joe Arroyo cuando nos recordaba la historia de cuando “El tirano mandó”, la salsa fué le elección natural para una historia de este peso.
Y luego está la parte que todavía no puedo explicar del todo. Nunca la pedí en el prompt, nunca escribí su nombre en ninguna parte, y la voz de Celia Cruz surgió del mar de la Inteligencia Artificial, cargando esta canción como si la hubiera estado esperando. ¡No soy digno! ¡De verdad no soy digno!