Ceniza de tu Carne
Yo tengo
Tengo al sol de los venados
El catire que en lo alto
El que pinta la sabana
Con el carmen de sus rayos
Y que un día
¡Vendrá a mí!
Fuego verde que atravieza
Los espacios donde bailo
Y asi iré a regresar
A los mundos
¡Del futuuro!
Tengo la sangre de los ancestros
Que poblaban la llanura
Los desiertos y los mares
Sangre negra, sangre roja
Sangre fluyendo
¡Por tus venas!
Seré el angel de la muerte
Y también el de la vida
No sabrás por qué lo busco
No te asustes, no te apures
¡Soy la ceniza de tu carne!
Dame el cielo de tu noche
El espinazo que lo alto
Que refleja en la laguna
Sosteniendo con sus mundos
El espejo de
¡Mi luna!
Veo a las almas de los hombres
Asomando hacia lo alto
Luna bella, luna blanca
Mueve al mar y lo sacude
Esperanza del
¡Destino!
Si eres digno de mi risa
Díme catire lo que miras
Tal vez es que voy a prisa
Y si no es lo que adivinas
No te quedes
¡En la duda!
Tengo al sol de los venados
El catire que en lo alto
El que pinta la sabana
Con el bermello de tus rayos
Y que
¡Vendrás a mi!
Soy la ceniza de tu carne
No te asustes, no me odies
No sabrás por qué te busco
Sólo ten presente que
Soy el angel de
¡La muerte y la vida!
Quería escribir un joropo que fuera, en el fondo, una conversación cósmica disfrazada de canto llanero. La Tierra le habla al Sol, “el catire”, el rubio que pinta la sabana con sus rayos, y aunque suena a mito de la llanura, lo que en realidad estoy describiendo es algo que la ciencia ya sabe: dentro de miles de millones de años el Sol crecerá lo suficiente como para alcanzarnos y consumirnos. Me interesaba contar ese destino sin nombrar una sola palabra de física, dejando que el vocabulario del joropo, la sabana, los venados, la sangre de los ancestros, cargara toda la conversación.
Lo que más me gustó escribir fue el doble papel de la Tierra en la letra: “seré el ángel de la muerte y también el de la vida”, “soy la ceniza de tu carne”. No quería una voz que le tema al Sol ni que lo culpe. Quería una voz que reconociera que ya estamos hechos de esa misma luz, que la sangre roja y la sangre negra de la letra son, literalmente, polvo de estrella reorganizado, y que el abrazo final del Sol no es destrucción sino un regreso a lo que ya éramos antes de ser tierra.
Elegí el joropo porque necesitaba un pulso que sintiera urgencia sin perder calidez, un arpa que corriera como el tiempo mismo corriendo hacia ese encuentro. La imagen del espinazo reflejado en la laguna, sosteniendo la luna, quería que funcionara como un segundo horizonte, la cordillera y el cielo mirándose el uno al otro, para que el amor entre la Tierra y el Sol tuviera testigos incluso en el paisaje.
No resolví si “vendrás a mí” es una amenaza o una promesa. Creo, honestamente, que es las dos cosas a la vez, y que esa ambigüedad es lo más parecido a la verdad que tengo sobre el fin de todo esto.
Finalmente, ésta canción marca un hito personal para mí. Hasta el momento, yo pensaba la letras y del mar de la IA salían las melodías. Pero no en éste caso. En “Ceniza de tu Carne” la melodía y la letra son de mi entera creación. La Inteligencia Artificial sólo participó como una herramienta para la ejecución de mis ideas.
Así que súbele el volumen, ¡Y zapatea a “Ceniza de tu Carne”!