Los perros del Curro no me dejan dormir
Y en la cuadra donde vivo
Las cosas que veo pasar
Y eso que ya es de noche
Ya es hora de descansar
Y en el patio del vecino
Don Curro Ebaristo Pérez
El tiene unos perros bravos
Y no hacen sino ladrar
Y los perros del Curro
No me dejan dormir
Ay los perros del Curro
No me dejan dormir
Y cuando chupaba un mango
La muela se me partió
La boca me esta doliendo
Y yo me voy a morir
Y a la mañana siguiente
Al dentista yo me fui
Y el hombre puso anestesia
Y la muela me la sacó
Y la boca quedó dormida
Y ya no puede hablar
No puedo decir la R
La R de reguetón
Y los perros del Curro
No dejan de ladrar
Ay los perros del Curro
No me dejan dormir
Por la noche dolorido
De regreso al barrio voy
Y mi lengua sigue muerta
Sin la R de reguetón
Y los perros del Curro
No dejan de ladrar
Ay, los perros del Curro
No me dejan dormir
Y espero que la anestesia
Pronto va disipar
Pues no puedo decir la R
La R de reguetón
Y los perros del Curro
No me dejan dormir
Ay, los perros del Curro
No me dejan dormir
Y ya todo trasnochao
Yo ya me quede así
La boca me sigue mueca
Sin la R de reguetón
Yo ya me quede así
La boca me sigue mueca
La boca me sigue mueca
Sin la R de reguetón
Y los perros del Curro
No me dejan dormir
Ay, los perros del Curro
No me dejan dormir
Y los perros del Curro
No me dejan dormir
Y los perros del Curro
No me dejan dormir
Ladran toda la noche
No me dejan dormir
Sin la R de reguetón
No me dejan dormir
Without any shame, this song is simply a wind-up, a tease, what we call in Colombia a “mamadera de gallo.” It’s the vallenato adaptation of an old joke, a real classic, the one about “Los perros del Curro no me dejan dormir” (Curro’s dogs won’t let me sleep), dropped into a tragicomedy that’s equal parts neighborhood life and dental visit: thanks to the numbing properties of the anesthesia, our narrator ends up acquiring one of the fundamental powers of every reggaetonero, turning every R into an L. And the outcome is inevitable: the dogs that wouldn’t let him sleep become “pelos” (hairs), and his neighbor El Curro transforms into an unsuspecting creature of an entirely different kind.
The philosophical reflection this song leaves me with is simple: the world needs to laugh. As of today, it’s the most-played track in my whole catalogue!
So go ahead, have a laugh, turn up the volume, and sing “Los perros del Curro no me dejan dormir” (better still once you’re back from the dentist 😂).